EL MAR EL ANCHO MAR

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el mar del regreso

JOHN BANVILLE, ‘EL MAR’

“No obstante, a pesar de todo mi desconcierto, está la mujer
mortal, no la divina, que sigue brillando para mí, aunque sea con un brillo ya
empañado, entre las sombras de lo que ya no existe. En mi memoria ella es su
propio avatar. ¿Qué es más real, la mujer que se recuesta en la ribera herbosa
de mis recuerdos, o la extensión de polvo y médula seca que es toda la tierra y
que sigue conteniéndola? Sin duda para los demás ella pervive en otra parte,
una figura que se mueve en el museo de cera de la memoria, pero su versión será
diferente de la mía, y de la de los demás. De este modo, en las mentes de
muchos el uno se ramifica y se dispersa. No dura, no puede, no es inmortalidad.
Llevamos a los muertos con nosotros hasta que también morimos, y entonces es a
nosotros a quien llevan durante un tiempo, y luego nuestros portadores caen a
su vez, y así sucesivamente en todas las generaciones imaginables. Yo recuerdo
a Anna, nuestra hija Claire recordará a Anna y me recordará a mí, y luego
Claire desaparecerá y otros la recordarán a ella, pero no a nosotros, y eso
será nuestra disolución final. Cierto, algo de nosotros permanecerá, una
fotografía desvaída, un mechón de su pelo, unas pocas huellas, unos cuantos
átomos en el aire de la habitación donde exhalamos nuestro último aliento, y no
obstante nada de todo eso será nosotros, lo que somos y lo que fuimos, sino
sólo el polvo de los muertos.”
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“Yet for all my disconcertion it is
the mortal she, and not the divine, who shines for me still, with however
tarnished a gleam, amidst the shadows of what is gone. She is in my memory her
own avatar. Which is the more real, the woman reclining on the grassy bank of
my recollections, or the strew of dust and dried marrow that is all the earth
any longer retains of her? No doubt for others elsewhere she persists, a moving
figure in the waxworks of memory, but their version will be different from
mine, and from each other’s. Thus in the minds of the many does the one ramify
and disperse. It does not last, it cannot, it is not immortality. We carry the
dead with us only until we die too, and then it is we who are borne along for a
little while, and then our bearers in their turn drop, and so on into the
unimaginable generations. I remember Anna, our daughter Claire will remember
Anna and remember me, then Claire will be gone and there will be those who
remember her but not us, and that will be our final dissolution. True, there
will be something of us that will remain, a fading photograph, a lock of hair,
a few fingerprints, a sprinkling of atoms in the air of the room where we
breathed our last, yet none of this will be us. What we are and were, but only
the dust of the dead.”